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2 días

Doscientos treinta y siete días a seiscientos setenta y seis kilómetros.

Qué irónico que la mayor distancia que he sentido sea un pasillo de 5 metros.

2005

Tal vez estés en otro país, ¿Europa? Madrid, me imagino. O puede que por acá cerca pero en una gran casa, con los sueños tachados en un checklist en el refrigerador. Supongo que no has dejado de ver Flipper, o incluso puede que tú mismo hayas escrito el guión de la nueva, ¿o es la del Comisario Rex? ¿Dragon Ball?. ¿Publicaste el cómic? Ya ni siquiera debes estar pintando a mano, nunca me gustó. Pero lo importante es que te reconocen por esto que empezamos un día.

Me gusta que estés por allá, en España o alguno de esos países, porque hay nieve, y hace frío, y las calles son bonitas. Guarda siempre para cuando vuelvas una foto en la fuente de Cibeles, y ponla en el álbum del viaje al sur de los cinco. O mejor, hazlo un cuadro y pídele que lo pinte él, debe haber pintado miles ya, y quizá quiera pintarlo junto a ti.

Mis deseos son que hayas podido hacer buenos amigos y que vayan a tu casa a veces, que lleguen sin avisar y te quieran por cómo eres. Que no tengas miedo, que no te gane la timidez de la que todos me tachan hoy, que puedas hablar y te escuchen con atención. Yo espero eso. Espero que hayan muchos días como ese donde eran las 6 o 7 de la tarde y el sol se veía bonito, y lo recuerdes. Espero que estés orgulloso, que alguien te quiera mucho y tú a ella. Y que también esté orgullosa de ti, y tú de ella.

Que estés seguro, que estés contento y hayas ido muchas veces al cine más con mamá, una vez por cada cumpleaños. Miles de películas más en casa, y miles de juegos de mesa cuando los viejos se vayan de viaje, miles de asados con tíos y tías en el patio las tardenoches. Miles de mañanas en navidades, millones de pan con manjar, milo frío y panes de pascua de la tía.

Todo es así, ¿verdad?

Estoy tan seguro, tan seguro…

que podría apostar un tiro en la cabeza.

Macedonia no existía

Decidí adentrarme en el bosque, todavía cuando me advirtieron que ahí estarían las cabezas demoníacas que flotaron atormentándome durante meses. Aún sabiendo que seguirían acercándose en vuelo y susurrando a mi oído que me deje caer hasta el fondo del mar.

Decidí tragarme mi miseria, vergüenza y desconfianza, para saber si después de esa oscura niebla que espesa las siluetas de los árboles, hay algún dios que me conceda su bendición.

Qué iluso fue de mi parte pensar que sería bien visto.

Y resulta que ni mi miseria, ni mi vergüenza, ni mi desconfianza, ni los demonios, ni mis deseos de hacerles caso, ni nada se ha ido, y lo único que ha quedado soy yo, aquí, viviendo y soportando vivir, fingiendo que nadie me lee el pensamiento, haciendo como que no estoy en una palestra, siempre dentro del personaje que escribe en esta libreta, que lo único que quiero es romperla, porque mi corazón ha decidido seguir por inercia, para cumplir expectativas que se borran tan fácil, y para satisfacer el más exigente de los paladares… al parecer.

Y resulta que ni había una fuente de deseos, ni un dios o diosa que los concediera, ni hadas ni animales parlantes. Y la lluvia no era de oro, y los pilares del palacio no tenían palacio.

Tú sigue pintando, me detengo.

Monólogo en suspenso

Si hubiera sido otra la decisión, ¿hubiera estado haciendo maletas? ¿Se acababa el desierto? ¿Llegaba a tierra firme por fin, o todo seguía igual?

Qué tonto me siento preguntándote, como si fuera a obtener respuesta ahora cuando hace 15 minutos tampoco hubieras dicho nada. Y perdóname por decirlo, pero estoy dolido de haber acabado aquí, aunque siempre me pregunté qué se sentiría flotar… supongo que esto es similar.

Noto decepción en tu cara, y la puedo entender, pero se acabó simplemente, se terminó y ya nada volverá de ese maldito ciclo en el que me pusiste, como una pieza de un juego, cumpliendo un rol que se me impuso. Y que me discutan, pero por más ilógica e inconsistencia tenga decirlo, en la nada donde no me encontraba por no existir se estaba mejor, aunque no estuviera.

Ni siquiera sabía que medías lo que mides, y jamás imaginé tu apariencia… te pintaban diferente, y es obvio.

Ya no habrán esas tardes que soñaba tener contigo algún día, donde te preguntaba cómo formaste todo…

Oppenheimer I

Hay un pedazo de futuro tirado justo donde mi mano alcanza a tomarlo. Me sangra el cuerpo entero, me duele la mandíbula de apretarla por no gritar, me rechinan los dientes y estoy tragando mis propias malas decisiones, pero se devuelven.

Se destrozó en millones, cuando me explotó en la cara y se me clavaron cristales en los ojos y labios. Quedé ciego, y me caí.

Y tú, artesano, te me has quedado viendo desde la entrada, desde el dintel de esa puerta que estaba cerrada por dentro. Te he preguntado sin decirte nada, y te he ignorado inmóvil desde el suelo. Has tomado escoba y plumero, y has abierto ventanas para ventilar. Vi la aurora, y vi la constelación por primera vez, y un hilo rojo que se cortaba.

Has tomado pinzas, tijeras, una compresa y sal.

Hemoparásito

Me robaste el cuerpo, y lo convertiste en algo que aspira a ser lo que no puede lograr, en algo que siempre está a punto de y lleno de casis.

Me he negado a abandonarlo un sólo día, por si en algún momento lo sueltas y puedo volver a él, pero siempre que se duerme tiene miedo, y activa las alertas en caso de cualquier cosa. Ni siquiera en sueños puedo acercarme.

La otra noche lo acuchillé en la yugular, pero lo mantuviste con vida y la sangre ni siquiera fue roja, fue oscura y rancia. Y me llené de manchas, y de pesimismo.

¿Cuánto más te llevará borrarlo de este mundo?

Lluvia Corta

«¿Volviste ya?«

Le escuché decir a esa cara que apareció en el rincón de mi cuarto. No una, varias veces en lo que va del año. Y la diferencia es que hoy la vi más opaca, más triste, y la lagrimita de tinta negra se confundía con su boca.

En realidad es lo único que pregunta siempre, no sabe decir otra cosa, o quizá es lo único que le interesa saber y por eso se limita a esa frase.

Sé que tiene sentimientos, por sus gestos medio raros, y porque alguna vez también la toqué. No es raro que sus tardes se parecieran a este día de lluvia en verano, cuando menos se esperaba lluvia. Se parece más a las escaleras de la casa de mi infancia, o a la vuelta del colegio de los jueves.

Nunca le respondo, porque no sé si volveré. En realidad, del todo no creo que vuelva. Puede que vuelva algo de mi, un brazo, una pierna, una mano, un ojo… un día.

Haz de cuenta que me fui a la guerra, amiga mía, y no esperes el día en que vuelva con vida.