Oración de 5
Supe qué era la vida cuando brillaba frente a mí sentada en los taburetes de ese café de estilo francés.
Supongo que oíste todo, y que, a diferencia mía, recuerdas y cobras.
No me advertiste nada, sólo observaste en silencio y dejaste que las cosas cayeran por su propio peso. ¿No había otra manera? Quizá un pan de vida sospechosamente coincidente, un sueño inusualmente vívido y revelador, o un sermón de esos a los que sólo les falta el nombre y apellido del objetivo.
Nada, solo silencio.
Y llegó el verano, y luego el otoño, y el invierno se alargó tanto que a la vida se le enfriaron los dedos, luego los brazos y piernas, luego los oídos y labios, luego las sonrisas… Y en el Ateneo se acabaron los libros, y en el Rosedal no hubo más guardias amables, y en el Jardín Japonés no se escuchó un sí, ¿y en el café? En el café sólo había alguien con una medialuna en su mano, y en la otra un pedazo de metal metido en su dedo.
Y de nuevo es verano, pero te he oído hablar, y mis manos te han buscado en mi ceguera, desesperado por que regreses la vida a mi vida. Y que vuelvan los libros infinitos, y los guardias felices, y los sí gritados y llorados, pero sobretodo, la dicha de verla, con el tiempo en pausa, con el viento sacudiendo afuera, con las sonrisas nerviosas, la vida misma.
Y aún sin yo verla, y me pase por delante sin tampoco verme, que su mano derecha vaya con la tuya.
El Octavo Anillo de Saturno
Dicen que en realidad nunca tocamos nada, que el vacío entre átomos hace que nunca hagamos contacto con nada, y que es nuestro cerebro el que crea la sensación de tacto.
Pero yo te toqué, y tus átomos con los míos se sintieron por un momento parte de un todo, de un uno.
Lanzabas rayos, explotaban tormentas cósmicas y lluvias de asteroides por mi puerta cada vez que te veía llegar. Y yo buscaba dar con tus electrones y sentirme vivo otra vez. Hasta que te dejaste mirar, una noche en primavera, y todos gritaron y aplaudieron, celebrando nuestra escena a los pies de las escaleras.
¿Guardas las constelaciones que nacieron ese día en nuestro cielo? Dicen que dioses antiguos pedían el periódico para saber de nosotros, y se morían de envidia.
Me estoy yendo, mi amor. Poco a poco estoy dejando que la gravedad haga su trabajo y nos suceda lo que hace un tiempo ya es.
Me voy, porque estamos yéndonos en nuestras órbitas, que creímos compartir en alguna ocasión. Un anillo más se sumará como ofrenda a Saturno, y las estrellas fugaces harán su trabajo de recordarnos quiénes fuimos por una mínima fracción de año luz.
2 días
Doscientos treinta y siete días a seiscientos setenta y seis kilómetros.
Qué irónico que la mayor distancia que he sentido sea un pasillo de 5 metros.
2005
Tal vez estés en otro país, ¿Europa? Madrid, me imagino. O puede que por acá cerca pero en una gran casa, con los sueños tachados en un checklist en el refrigerador. Supongo que no has dejado de ver Flipper, o incluso puede que tú mismo hayas escrito el guión de la nueva, ¿o es la del Comisario Rex? ¿Dragon Ball?. ¿Publicaste el cómic? Ya ni siquiera debes estar pintando a mano, nunca me gustó. Pero lo importante es que te reconocen por esto que empezamos un día.
Me gusta que estés por allá, en España o alguno de esos países, porque hay nieve, y hace frío, y las calles son bonitas. Guarda siempre para cuando vuelvas una foto en la fuente de Cibeles, y ponla en el álbum del viaje al sur de los cinco. O mejor, hazlo un cuadro y pídele que lo pinte él, debe haber pintado miles ya, y quizá quiera pintarlo junto a ti.
Mis deseos son que hayas podido hacer buenos amigos y que vayan a tu casa a veces, que lleguen sin avisar y te quieran por cómo eres. Que no tengas miedo, que no te gane la timidez de la que todos me tachan hoy, que puedas hablar y te escuchen con atención. Yo espero eso. Espero que hayan muchos días como ese donde eran las 6 o 7 de la tarde y el sol se veía bonito, y lo recuerdes. Espero que estés orgulloso, que alguien te quiera mucho y tú a ella. Y que también esté orgullosa de ti, y tú de ella.
Que estés seguro, que estés contento y hayas ido muchas veces al cine más con mamá, una vez por cada cumpleaños. Miles de películas más en casa, y miles de juegos de mesa cuando los viejos se vayan de viaje, miles de asados con tíos y tías en el patio las tardenoches. Miles de mañanas en navidades, millones de pan con manjar, milo frío y panes de pascua de la tía.
Todo es así, ¿verdad?
Estoy tan seguro, tan seguro…
que podría apostar un tiro en la cabeza.
Macedonia no existía
Decidí adentrarme en el bosque, todavía cuando me advirtieron que ahí estarían las cabezas demoníacas que flotaron atormentándome durante meses. Aún sabiendo que seguirían acercándose en vuelo y susurrando a mi oído que me deje caer hasta el fondo del mar.
Decidí tragarme mi miseria, vergüenza y desconfianza, para saber si después de esa oscura niebla que espesa las siluetas de los árboles, hay algún dios que me conceda su bendición.
Qué iluso fue de mi parte pensar que sería bien visto.
Y resulta que ni mi miseria, ni mi vergüenza, ni mi desconfianza, ni los demonios, ni mis deseos de hacerles caso, ni nada se ha ido, y lo único que ha quedado soy yo, aquí, viviendo y soportando vivir, fingiendo que nadie me lee el pensamiento, haciendo como que no estoy en una palestra, siempre dentro del personaje que escribe en esta libreta, que lo único que quiero es romperla, porque mi corazón ha decidido seguir por inercia, para cumplir expectativas que se borran tan fácil, y para satisfacer el más exigente de los paladares… al parecer.
Y resulta que ni había una fuente de deseos, ni un dios o diosa que los concediera, ni hadas ni animales parlantes. Y la lluvia no era de oro, y los pilares del palacio no tenían palacio.
Tú sigue pintando, me detengo.
Monólogo en suspenso
Si hubiera sido otra la decisión, ¿hubiera estado haciendo maletas? ¿Se acababa el desierto? ¿Llegaba a tierra firme por fin, o todo seguía igual?
Qué tonto me siento preguntándote, como si fuera a obtener respuesta ahora cuando hace 15 minutos tampoco hubieras dicho nada. Y perdóname por decirlo, pero estoy dolido de haber acabado aquí, aunque siempre me pregunté qué se sentiría flotar… supongo que esto es similar.
Noto decepción en tu cara, y la puedo entender, pero se acabó simplemente, se terminó y ya nada volverá de ese maldito ciclo en el que me pusiste, como una pieza de un juego, cumpliendo un rol que se me impuso. Y que me discutan, pero por más ilógica e inconsistencia tenga decirlo, en la nada donde no me encontraba por no existir se estaba mejor, aunque no estuviera.
Ni siquiera sabía que medías lo que mides, y jamás imaginé tu apariencia… te pintaban diferente, y es obvio.
Ya no habrán esas tardes que soñaba tener contigo algún día, donde te preguntaba cómo formaste todo…
Oppenheimer I
Hay un pedazo de futuro tirado justo donde mi mano alcanza a tomarlo. Me sangra el cuerpo entero, me duele la mandíbula de apretarla por no gritar, me rechinan los dientes y estoy tragando mis propias malas decisiones, pero se devuelven.
Se destrozó en millones, cuando me explotó en la cara y se me clavaron cristales en los ojos y labios. Quedé ciego, y me caí.
Y tú, artesano, te me has quedado viendo desde la entrada, desde el dintel de esa puerta que estaba cerrada por dentro. Te he preguntado sin decirte nada, y te he ignorado inmóvil desde el suelo. Has tomado escoba y plumero, y has abierto ventanas para ventilar. Vi la aurora, y vi la constelación por primera vez, y un hilo rojo que se cortaba.
Has tomado pinzas, tijeras, una compresa y sal.