Es digno
¿Sienten que el mundo está roto? Sí, lo sentimos.
¿Sienten que las sombras se vuelven más densas? Lo sentimos.
¿Pero saben que toda esa oscuridad
no podrá evitar que la luz se abra paso? Lo sabemos.
¿Desean con el alma verlo todo restaurado? Lo deseamos.
¿Acaso no está la creación entera gimiendo? Así es.
¿Acaso no viene ya una nueva creación? Así es.
¿No será la gloria del Señor
la luz que brille en medio de nosotros? Así será.
¿Y no es bueno que nos recordemos esto una y otra vez? Lo es.
¿Hay alguien que sea digno? ¿Alguien que esté íntegro?
¿Hay alguien capaz de romper el sello y abrir el pergamino?
El León de Judá, que venció a la muerte,
Él es el Linaje de David y el Cordero
que murió para rescatar al cautivo.
¿Es Él digno? ¿Es Él digno
de toda bendición, honor y gloria?
¿Es digno de recibir todo esto? Lo es.
¿Nos ama el Padre de verdad? Nos ama.
¿Se mueve el Espíritu entre nosotros? Se mueve.
¿Y acaso Jesús, nuestro Mesías,
no sostiene para siempre a quienes ama? Lo hace.
¿Es que desea el Señor volver a vivir entre nosotros? Lo hace…
Quedándome vivo
Me cuesta un mundo decir esto, y ni siquiera sé lo que es esto. Sé que se parece mucho a cuando elegían equipitos de fútbol y me dejaban para el final. O a cuando la profe formaba grupos y tenía que preguntar a quién le faltaba uno para incluirme. Se parece a eso, un poco. Se parece a un cumpleaños feliz mal cantado, a ese aplauso por compromiso que justo venía después del aplauso con ganas, porque toca. Se parece a sentarme solito a esperar que pase el recreo, o el almuerzo.
Pero se sobrevive, se olvida, se pasa. Y al menos estoy al tanto de eso, como cuando te enfermas pero sabes que mañana amanecerás un poco mejor, y pasado mañana el dolor de garganta se va. Sólo que no será mañana, ni pasado.
Te juro que si no fuera por todo lo que te he contado y prometido, me hubiera quedado comiendo algarrobas. Y si no fuera por toda la ilusión que tuve y que estoy arrastrando, como si no la vieras, me acobardaría y quedaría al descubierto la lástima que tengo de mi mismo.
Creía que sería esta vez el primero al que apuntaría para elegir en su equipo. Creí que encontraría una mirada en mi cuando pidieran organizarse en grupos.
Que la ilusión manchada de tanto arrastrarse, se convertiría en planes.
Tampoco hay casa
– ¿Y ahora?
– Ahora vas, das las gracias, pides perdón, luego permiso y vuelves a casa.
– Hubo de todo…
– Sí, fue un bonito viaje.
– Perdí las maletas.
– Lo sé, toca armar nuevas.
– Tampoco hay casa…
Walt Disney
No vengo a hablar de nada, déjame ser silencio, antes de que esto se acabe por siempre, mi amor. Y no nos veamos nunca jamás en nuestras vidas, como dos almas unidas se dicen adiós.
Ahora recogerás tus cosas y te marcharás. Le tocará ser hombre al viejo Peter Pan, y se abrirá la tierra. Ahora la bella en otra bestia en el cuarto de atrás; una sirena llora por algún Tarzán. No hay libros en la selva.
Creí que hasta morirnos íbamos a estar juntos, que los colores al viento te hacían llorar; que nadie me quería como tú a mí en el mundo; no hay vagabundo que busque una dama en un bar.
Creía que Notre Dame no te asustaba, que al sexo le crecían mentiras, si al beso despertabas.
Ahora que nuestra historia al fin termina, que la inocencia se me mata… te digo adiós, mi vida.
Oración de 5
Supe qué era la vida cuando brillaba frente a mí sentada en los taburetes de ese café de estilo francés.
Supongo que oíste todo, y que, a diferencia mía, recuerdas y cobras.
No me advertiste nada, sólo observaste en silencio y dejaste que las cosas cayeran por su propio peso. ¿No había otra manera? Quizá un pan de vida sospechosamente coincidente, un sueño inusualmente vívido y revelador, o un sermón de esos a los que sólo les falta el nombre y apellido del objetivo.
Nada, solo silencio.
Y llegó el verano, y luego el otoño, y el invierno se alargó tanto que a la vida se le enfriaron los dedos, luego los brazos y piernas, luego los oídos y labios, luego las sonrisas… Y en el Ateneo se acabaron los libros, y en el Rosedal no hubo más guardias amables, y en el Jardín Japonés no se escuchó un sí, ¿y en el café? En el café sólo había alguien con una medialuna en su mano, y en la otra un pedazo de metal metido en su dedo.
Y de nuevo es verano, pero te he oído hablar, y mis manos te han buscado en mi ceguera, desesperado por que regreses la vida a mi vida. Y que vuelvan los libros infinitos, y los guardias felices, y los sí gritados y llorados, pero sobretodo, la dicha de verla, con el tiempo en pausa, con el viento sacudiendo afuera, con las sonrisas nerviosas, la vida misma.
Y aún sin yo verla, y me pase por delante sin tampoco verme, que su mano derecha vaya con la tuya.
El Octavo Anillo de Saturno
Dicen que en realidad nunca tocamos nada, que el vacío entre átomos hace que nunca hagamos contacto con nada, y que es nuestro cerebro el que crea la sensación de tacto.
Pero yo te toqué, y tus átomos con los míos se sintieron por un momento parte de un todo, de un uno.
Lanzabas rayos, explotaban tormentas cósmicas y lluvias de asteroides por mi puerta cada vez que te veía llegar. Y yo buscaba dar con tus electrones y sentirme vivo otra vez. Hasta que te dejaste mirar, una noche en primavera, y todos gritaron y aplaudieron, celebrando nuestra escena a los pies de las escaleras.
¿Guardas las constelaciones que nacieron ese día en nuestro cielo? Dicen que dioses antiguos pedían el periódico para saber de nosotros, y se morían de envidia.
Me estoy yendo, mi amor. Poco a poco estoy dejando que la gravedad haga su trabajo y nos suceda lo que hace un tiempo ya es.
Me voy, porque estamos yéndonos en nuestras órbitas, que creímos compartir en alguna ocasión. Un anillo más se sumará como ofrenda a Saturno, y las estrellas fugaces harán su trabajo de recordarnos quiénes fuimos por una mínima fracción de año luz.
2 días
Doscientos treinta y siete días a seiscientos setenta y seis kilómetros.
Qué irónico que la mayor distancia que he sentido sea un pasillo de 5 metros.