Quedándome vivo
Me cuesta un mundo decir esto, y ni siquiera sé lo que es esto. Sé que se parece mucho a cuando elegían equipitos de fútbol y me dejaban para el final. O a cuando la profe formaba grupos y tenía que preguntar a quién le faltaba uno para incluirme. Se parece a eso, un poco. Se parece a un cumpleaños feliz mal cantado, a ese aplauso por compromiso que justo venía después del aplauso con ganas, porque toca. Se parece a sentarme solito a esperar que pase el recreo, o el almuerzo.
Pero se sobrevive, se olvida, se pasa. Y al menos estoy al tanto de eso, como cuando te enfermas pero sabes que mañana amanecerás un poco mejor, y pasado mañana el dolor de garganta se va. Sólo que no será mañana, ni pasado.
Te juro que si no fuera por todo lo que te he contado y prometido, me hubiera quedado comiendo algarrobas. Y si no fuera por toda la ilusión que tuve y que estoy arrastrando, como si no la vieras, me acobardaría y quedaría al descubierto la lástima que tengo de mi mismo.
Creía que sería esta vez el primero al que apuntaría para elegir en su equipo. Creí que encontraría una mirada en mi cuando pidieran organizarse en grupos.
Que la ilusión manchada de tanto arrastrarse, se convertiría en planes.
Tampoco hay casa
– ¿Y ahora?
– Ahora vas, das las gracias, pides perdón, luego permiso y vuelves a casa.
– Hubo de todo…
– Sí, fue un bonito viaje.
– Perdí las maletas.
– Lo sé, toca armar nuevas.
– Tampoco hay casa…
Walt Disney
No vengo a hablar de nada, déjame ser silencio, antes de que esto se acabe por siempre, mi amor. Y no nos veamos nunca jamás en nuestras vidas, como dos almas unidas se dicen adiós.
Ahora recogerás tus cosas y te marcharás. Le tocará ser hombre al viejo Peter Pan, y se abrirá la tierra. Ahora la bella en otra bestia en el cuarto de atrás; una sirena llora por algún Tarzán. No hay libros en la selva.
Creí que hasta morirnos íbamos a estar juntos, que los colores al viento te hacían llorar; que nadie me quería como tú a mí en el mundo; no hay vagabundo que busque una dama en un bar.
Creía que Notre Dame no te asustaba, que al sexo le crecían mentiras, si al beso despertabas.
Ahora que nuestra historia al fin termina, que la inocencia se me mata… te digo adiós, mi vida.
Oración de 5
Supe qué era la vida cuando brillaba frente a mí sentada en los taburetes de ese café de estilo francés.
Supongo que oíste todo, y que, a diferencia mía, recuerdas y cobras.
No me advertiste nada, sólo observaste en silencio y dejaste que las cosas cayeran por su propio peso. ¿No había otra manera? Quizá un pan de vida sospechosamente coincidente, un sueño inusualmente vívido y revelador, o un sermón de esos a los que sólo les falta el nombre y apellido del objetivo.
Nada, solo silencio.
Y llegó el verano, y luego el otoño, y el invierno se alargó tanto que a la vida se le enfriaron los dedos, luego los brazos y piernas, luego los oídos y labios, luego las sonrisas… Y en el Ateneo se acabaron los libros, y en el Rosedal no hubo más guardias amables, y en el Jardín Japonés no se escuchó un sí, ¿y en el café? En el café sólo había alguien con una medialuna en su mano, y en la otra un pedazo de metal metido en su dedo.
Y de nuevo es verano, pero te he oído hablar, y mis manos te han buscado en mi ceguera, desesperado por que regreses la vida a mi vida. Y que vuelvan los libros infinitos, y los guardias felices, y los sí gritados y llorados, pero sobretodo, la dicha de verla, con el tiempo en pausa, con el viento sacudiendo afuera, con las sonrisas nerviosas, la vida misma.
Y aún sin yo verla, y me pase por delante sin tampoco verme, que su mano derecha vaya con la tuya.
El Octavo Anillo de Saturno
Dicen que en realidad nunca tocamos nada, que el vacío entre átomos hace que nunca hagamos contacto con nada, y que es nuestro cerebro el que crea la sensación de tacto.
Pero yo te toqué, y tus átomos con los míos se sintieron por un momento parte de un todo, de un uno.
Lanzabas rayos, explotaban tormentas cósmicas y lluvias de asteroides por mi puerta cada vez que te veía llegar. Y yo buscaba dar con tus electrones y sentirme vivo otra vez. Hasta que te dejaste mirar, una noche en primavera, y todos gritaron y aplaudieron, celebrando nuestra escena a los pies de las escaleras.
¿Guardas las constelaciones que nacieron ese día en nuestro cielo? Dicen que dioses antiguos pedían el periódico para saber de nosotros, y se morían de envidia.
Me estoy yendo, mi amor. Poco a poco estoy dejando que la gravedad haga su trabajo y nos suceda lo que hace un tiempo ya es.
Me voy, porque estamos yéndonos en nuestras órbitas, que creímos compartir en alguna ocasión. Un anillo más se sumará como ofrenda a Saturno, y las estrellas fugaces harán su trabajo de recordarnos quiénes fuimos por una mínima fracción de año luz.
2 días
Doscientos treinta y siete días a seiscientos setenta y seis kilómetros.
Qué irónico que la mayor distancia que he sentido sea un pasillo de 5 metros.
2005
Tal vez estés en otro país, ¿Europa? Madrid, me imagino. O puede que por acá cerca pero en una gran casa, con los sueños tachados en un checklist en el refrigerador. Supongo que no has dejado de ver Flipper, o incluso puede que tú mismo hayas escrito el guión de la nueva, ¿o es la del Comisario Rex? ¿Dragon Ball?. ¿Publicaste el cómic? Ya ni siquiera debes estar pintando a mano, nunca me gustó. Pero lo importante es que te reconocen por esto que empezamos un día.
Me gusta que estés por allá, en España o alguno de esos países, porque hay nieve, y hace frío, y las calles son bonitas. Guarda siempre para cuando vuelvas una foto en la fuente de Cibeles, y ponla en el álbum del viaje al sur de los cinco. O mejor, hazlo un cuadro y pídele que lo pinte él, debe haber pintado miles ya, y quizá quiera pintarlo junto a ti.
Mis deseos son que hayas podido hacer buenos amigos y que vayan a tu casa a veces, que lleguen sin avisar y te quieran por cómo eres. Que no tengas miedo, que no te gane la timidez de la que todos me tachan hoy, que puedas hablar y te escuchen con atención. Yo espero eso. Espero que hayan muchos días como ese donde eran las 6 o 7 de la tarde y el sol se veía bonito, y lo recuerdes. Espero que estés orgulloso, que alguien te quiera mucho y tú a ella. Y que también esté orgullosa de ti, y tú de ella.
Que estés seguro, que estés contento y hayas ido muchas veces al cine más con mamá, una vez por cada cumpleaños. Miles de películas más en casa, y miles de juegos de mesa cuando los viejos se vayan de viaje, miles de asados con tíos y tías en el patio las tardenoches. Miles de mañanas en navidades, millones de pan con manjar, milo frío y panes de pascua de la tía.
Todo es así, ¿verdad?
Estoy tan seguro, tan seguro…
que podría apostar un tiro en la cabeza.